Desde 1994, Gladys ha venido realizando un trabajo constante con y para la mujer en diferentes culturas, a través de su recorrido por más de 17 países de América. Durante estos años, ha estado cerca de sus corazones y ha aprendido a conocer cómo se expresa el alma de las mujeres. En conferencias multitudinarias, talleres, seminarios, programas de radio, asesorías, consejerías, Gladys ha apoyado miles de mujeres a crecer integralmente en sus diferentes roles; promoviendo en ellas la unidad, la honra y la dignidad, acompañándolas en sus luchas y celebrando sus logros.
En uno de sus viajes, se enamoró de su esposo, y se trasladó a vivir a los Estados Unidos.
Que caiga mi enseñanza como lluvia y desciendan mis palabras como rocío, como aguacero sobre el pasto nuevo, como lluvia abundante sobre plantas tiernas.
Deuteronomio 32:2 NVI
Gladys ha sido siempre una buscadora y por muchos años se sumergió en estudios de toda índole, hasta que conoció a Jesús.
En sus propias palabras, Gladys nos comparte:
«Una tarde me encontraba desesperanzada, mi alma estaba perdida, caída y solitaria. Desesperada y de rodillas le clamé a Dios: Te necesito Dios, te necesito, ¿dónde estás? Por favor háblame, y en voz audible, ÉL me contestó: “Allí”. Asombrada y temblorosa, vi la Biblia que había puesto como un adorno sobre la chimenea. No la leía y tampoco la entendía, pero ese día, milagrosamente cada palabra fue como un bálsamo para mi corazón. Empecé a tener la certeza de que Él estaba allí conmigo, y que había venido a rescatarme. Desde ese momento y durante un año, cada día me llamaba a las cuatro de la mañana para estar con ÉL, en un encuentro íntimo donde Dios me hablaba a través de su palabra y me daba entendimiento. Dios me trató y me sumergió en Su Presencia, y por su infinito amor y misericordia pude entender en mi espíritu que Jesús había pagado el precio más alto por mí. El Espíritu de Dios me llevó a arrepentirme de mis pecados y abrió mi boca para confesarlos, a través del Salmo 51: “Purifícame con hisopo y seré limpio, lávame y seré más blanca que la nieve”. También me probó en obediencia, me llevó a lugares donde fui humillada y avergonzada, pero también me llenó de gozo y me dejó ver el fruto que había empezado a dar en Su nombre y para Su obra. Me permitió ver que había estado en estos 17 países como una preparación a la misión que me habría de entregar y en la que le serviría, en el llamado que me hizo a través de
Jeremías 1:1-10 (DHH)
Desde ese momento, Gladys comienza a crear diseños nuevos inspirados por Dios, para que las mujeres sean transformadas, vean resultados sorprendentes y vivan a un Dios real. Convertidas en mujeres extraordinarias siendo instrumentos de Dios, entregando de lo que han recibido, guiando a otras mujeres y llevándolas a una verdadera transformación, donde la luz, la bendición, la esperanza y la fe, son esparcidas como semillas para otras mujeres que, también darán fruto.
A esta nueva misión, Dios le puso nombre: MUJERES BAJO LA LLUVIA.
Aquí son bienvenidas: la anciana, la joven, la soltera, la viuda, las casadas o las que no están bien casadas.
Esperamos a: la madre, la hija, la administradora del hogar, la que trabaja en el campo, las profesoras, las ejecutivas, las desempleadas y las menos ocupadas.
Son bien recibidas: las que están enojadas, las que están tristes, las deprimidas, o las que prefieren reír para no llorar, las que gozan, las que cantan y las que no saben cantar.
Son acogidas: la emprendedora, la que no se atreve, la valiente y la temerosa.
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